Metamorfosis poética/ Voces
del fogón y de la raíz
En los
pueblos, y no solo de México o Oaxaca, la memoria no solo vive en la voz de la
gente; también habita en los objetos que acompañan la vida diaria. En el fogón,
en la plaza, en las fiestas y en los silencios del camino, hay presencias que
guardan historias antiguas. Esta serie recoge esas voces sencillas y profundas
donde la raíz de la cultura sigue latiendo, hoy les comparto:
Monólogo
del rebozo
Yo conozco tu
historia mejor que nadie.
Desde antes de que amanezca ya estoy sobre tus hombros, abrazando tu espalda
mientras el frío de la mañana todavía camina por las calles del pueblo. Me
acomodas con ese gesto tuyo que aprendiste de tu madre, y ella de la suya, como
si en ese movimiento viajara la memoria de muchas mujeres.
Soy hilo y
soy abrigo,
soy sombra cuando el sol cae fuerte,
soy refugio cuando el cansancio llega.
Sobre mí descansan tus días.
He cargado el
peso dulce de tus hijos dormidos, el maíz recién comprado en el mercado, las
flores que llevas para la fiesta del pueblo y hasta las lágrimas que a veces
escondes cuando nadie te mira.
Pero también
guardo secretos que casi nadie nombra.
He sido el pequeño refugio donde dos enamorados esconden su primer beso,
la tela que cubre tu rostro cuando el rubor te delata,
el manto que se posa sobre tu cabeza en una ceremonia solemne,
y el compañero que gira contigo cuando la música del pueblo enciende los pasos
y el baile se vuelve alegría.
Yo he estado
allí.
He sentido el latido de tu corazón cuando caminas con prisa, cuando ríes con
tus amigas en la plaza, cuando regresas a casa después de una larga jornada. Sé
cuándo estás cansada y cuándo tu alma se llena de alegría.
Muchos ven
solo un rebozo.
Pero yo sé que soy más que eso.
Habemos
rebozos tejidos con hilo de algodón, suaves y fieles al uso de cada día;
habemos de seda, que brillamos cuando la luz nos toca;
habemos de muchos colores, como si cada uno guardara una historia distinta del
pueblo.
Pero todos
llevamos lo mismo en el alma del tejido.
Soy el abrazo
que te acompaña en el camino,
la sombra que te protege del tiempo,
y el hilo que une tu historia con la de las mujeres que caminaron antes que tú.
Cuando el
viento juega conmigo y me mueve suavemente sobre tus hombros, parece que la
tierra misma respira contigo.
Y entonces
comprendo algo que pocos saben:
Yo no solo te
cubro.
No solo guardo tu historia.
También llevo en mis hilos
la memoria viva de tu pueblo.
Derechos
reservados de autor:
Dra. Elizabeth
Alejandra Castillo Martínez
Marzo 29,2026.

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