Poesía de la autoría de Liaazhny en zapoteco y en español

jueves, 21 de mayo de 2026

Voces del fogón y de la raíz

 

Metamorfosis poética/ Voces del fogón y de la raíz

En los pueblos, y no solo de México o Oaxaca, la memoria no solo vive en la voz de la gente; también habita en los objetos que acompañan la vida diaria. En el fogón, en la plaza, en las fiestas y en los silencios del camino, hay presencias que guardan historias antiguas. Esta serie recoge esas voces sencillas y profundas donde la raíz de la cultura sigue latiendo, hoy les comparto:

Monólogo del rebozo

Yo conozco tu historia mejor que nadie.
Desde antes de que amanezca ya estoy sobre tus hombros, abrazando tu espalda mientras el frío de la mañana todavía camina por las calles del pueblo. Me acomodas con ese gesto tuyo que aprendiste de tu madre, y ella de la suya, como si en ese movimiento viajara la memoria de muchas mujeres.

Soy hilo y soy abrigo,
soy sombra cuando el sol cae fuerte,
soy refugio cuando el cansancio llega.
Sobre mí descansan tus días.

He cargado el peso dulce de tus hijos dormidos, el maíz recién comprado en el mercado, las flores que llevas para la fiesta del pueblo y hasta las lágrimas que a veces escondes cuando nadie te mira.

Pero también guardo secretos que casi nadie nombra.
He sido el pequeño refugio donde dos enamorados esconden su primer beso,
la tela que cubre tu rostro cuando el rubor te delata,
el manto que se posa sobre tu cabeza en una ceremonia solemne,
y el compañero que gira contigo cuando la música del pueblo enciende los pasos y el baile se vuelve alegría.

Yo he estado allí.
He sentido el latido de tu corazón cuando caminas con prisa, cuando ríes con tus amigas en la plaza, cuando regresas a casa después de una larga jornada. Sé cuándo estás cansada y cuándo tu alma se llena de alegría.

Muchos ven solo un rebozo.
Pero yo sé que soy más que eso.

Habemos rebozos tejidos con hilo de algodón, suaves y fieles al uso de cada día;
habemos de seda, que brillamos cuando la luz nos toca;
habemos de muchos colores, como si cada uno guardara una historia distinta del pueblo.

Pero todos llevamos lo mismo en el alma del tejido.

Soy el abrazo que te acompaña en el camino,
la sombra que te protege del tiempo,
y el hilo que une tu historia con la de las mujeres que caminaron antes que tú.

Cuando el viento juega conmigo y me mueve suavemente sobre tus hombros, parece que la tierra misma respira contigo.

Y entonces comprendo algo que pocos saben:

Yo no solo te cubro.
No solo guardo tu historia.

También llevo en mis hilos
la memoria viva de tu pueblo.

                                                                

Derechos reservados de autor:

Dra. Elizabeth Alejandra Castillo Martínez

Marzo 29,2026.

 

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