Poesía de la autoría de Liaazhny en zapoteco y en español

domingo, 7 de junio de 2026

Monologo del metate

Saludos desde Oaxaca, México, estimados lectores.
Continuando con la serie Metamorfosis Poética / Historias del fogón y de la raíz, hoy les presento el monólogo de un utensilio de la cocina mexicana ancestral, que aún vive en muchos hogares y en el corazón de la tradición.

"Monólogo del metate"









Yo no hablo…
pero guardo siglos.

Antes de que tus manos aprendieran a moler el maíz,
ya había sentido las manos de tu madre,
y antes de ella, las de tu abuela.

Todas dejaron en mí su fuerza,
su paciencia,
y su canto suave mientras amanecía.

Soy piedra, sí…
pero también soy memoria.

Cada grano de maíz que pasa por mi cuerpo
trae el olor de la tierra,
la historia del campo,
el suspiro de quienes sembraron
esperando la lluvia.

Cuando tus manos comienzan a moverse sobre mí,
el tiempo se detiene.

Yo escucho todo.

Escucho el despertar del fogón,
el crujir de la casa antigua,
el primer canto de los pájaros…
y, sobre todo,
escucho tu respiración.

A veces llegas cansada,
pero tus manos no se rinden.

En cada movimiento hay algo sagrado,
algo que no se aprende en los libros,
algo que vive en la sangre
de las mujeres que sostienen la vida
sin hacer ruido.

Muchos creen que solo muelo maíz…
pero yo sé la verdad.

Aquí se transforma la tierra en alimento,
el esfuerzo en sustento,
y el amor
en tortillas calientes
que reúnen a la familia.

Yo he visto crecer generaciones enteras
alrededor de mi silencio.

He visto niñas convertirse en mujeres,
mujeres que aprendieron a leer el mundo,
a ser profesionistas,
pero que siempre regresan
a la tierra donde enterraron su ombligo,
donde la raíz no se olvida.

He visto madres enseñar a sus hijas
no solo a moler,
sino a amar la vida del campo,
a escuchar el ritmo del maíz,
del cacao recién tostado,
del café en grano,
del chile que dará alma al mole
y fuerza al pinole.

Por eso,
cuando tus manos descansan sobre mí
al final del día…

yo lo sé.

No soy solo piedra.

Soy parte de tu historia.
Soy parte de tu raíz.

Soy la voz antigua
de la mujer de maíz y barro
que camina en ti.

 

Todos los derechos reservados de autor.

Abril 13,2026.

Oaxaca, Mexico.


jueves, 21 de mayo de 2026

Voces del fogón y de la raíz

 

Metamorfosis poética/ Voces del fogón y de la raíz

En los pueblos, y no solo de México o Oaxaca, la memoria no solo vive en la voz de la gente; también habita en los objetos que acompañan la vida diaria. En el fogón, en la plaza, en las fiestas y en los silencios del camino, hay presencias que guardan historias antiguas. Esta serie recoge esas voces sencillas y profundas donde la raíz de la cultura sigue latiendo, hoy les comparto:

Monólogo del rebozo

Yo conozco tu historia mejor que nadie.
Desde antes de que amanezca ya estoy sobre tus hombros, abrazando tu espalda mientras el frío de la mañana todavía camina por las calles del pueblo. Me acomodas con ese gesto tuyo que aprendiste de tu madre, y ella de la suya, como si en ese movimiento viajara la memoria de muchas mujeres.

Soy hilo y soy abrigo,
soy sombra cuando el sol cae fuerte,
soy refugio cuando el cansancio llega.
Sobre mí descansan tus días.

He cargado el peso dulce de tus hijos dormidos, el maíz recién comprado en el mercado, las flores que llevas para la fiesta del pueblo y hasta las lágrimas que a veces escondes cuando nadie te mira.

Pero también guardo secretos que casi nadie nombra.
He sido el pequeño refugio donde dos enamorados esconden su primer beso,
la tela que cubre tu rostro cuando el rubor te delata,
el manto que se posa sobre tu cabeza en una ceremonia solemne,
y el compañero que gira contigo cuando la música del pueblo enciende los pasos y el baile se vuelve alegría.

Yo he estado allí.
He sentido el latido de tu corazón cuando caminas con prisa, cuando ríes con tus amigas en la plaza, cuando regresas a casa después de una larga jornada. Sé cuándo estás cansada y cuándo tu alma se llena de alegría.

Muchos ven solo un rebozo.
Pero yo sé que soy más que eso.

Habemos rebozos tejidos con hilo de algodón, suaves y fieles al uso de cada día;
habemos de seda, que brillamos cuando la luz nos toca;
habemos de muchos colores, como si cada uno guardara una historia distinta del pueblo.

Pero todos llevamos lo mismo en el alma del tejido.

Soy el abrazo que te acompaña en el camino,
la sombra que te protege del tiempo,
y el hilo que une tu historia con la de las mujeres que caminaron antes que tú.

Cuando el viento juega conmigo y me mueve suavemente sobre tus hombros, parece que la tierra misma respira contigo.

Y entonces comprendo algo que pocos saben:

Yo no solo te cubro.
No solo guardo tu historia.

También llevo en mis hilos
la memoria viva de tu pueblo.

                                                                

Derechos reservados de autor:

Dra. Elizabeth Alejandra Castillo Martínez

Marzo 29,2026.